Estaban sentenciados a morir en agua hirviendo. No pensaban escapar, ni cambiar de identidad. De haberlo hecho, nos habrían encontrado a todos y acribillado. Se estaban preparando para soportar el agua cada vez más caliente. Nos contaron todo durante una comida familiar. El condenado era él, pero su mujer estaba dispuesta a seguirlo al cadalso.
Había una televisión que pasaba imágenes de ruinas antiguas. Ella estaba delante de la TV y me la imaginé en esas ruinas, como si estuviera en un estudio de cine.
Pero lo peor era...
Entonces desperté y ya no me dijeron que era lo peor: ¿estaba ella embarazada?
11.09.2010
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