No puedo llamar feto a una beba que pega patadas al higado tan certeras que su madre se dobla del dolor. Además, es mi beba y esas patadas le dan una realidad patente, como si ya hubiera salido del vientre materno. Ya la siento entre nosotros, veo sus manitas y vigilo su sueño. Hasta empiezo a encontrarle parecidos.
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Al descubrir la papaya, se llenó la lengua de pelos.
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Dios es la Gran Carcajada Universal.
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He pasado años estudiando el tema. Me he quemado las pestañas en más de mil noches de insomnio, leyendo a los más grandes eruditos, para concluir que el mayor mal no es ni económico, ni político, ni social, ni de salud pública. Ni siquiera el terrorismo o la guerra son peores que este cáncer. El mayor mal que afecta al mundo --y lo digo con toda seriedad-- es la falta de humor.
11.13.2010
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