La casa se hundía en el lago. Por suerte, los títeres sabían nadar. Parecía el fin del mundo desde la avenida embotellada que Pierrot sostenía. Le dio un sorbo al té y se paró de manos sobre la cama, con una aceituna en la boca. Parecía una balsa en medio del mar y los jeans que flotaban eran algas azules. Un helicóptero los rescató.
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La conocí de niño y siempre fue vieja. La última vez que la vi, tenía unas ojeras profundas y una tez tan pálida que le calculé seis meses. Pero hela aquí, rezando con las mujeres y echando un puñado de tierra sobre mi tumba.
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Miguel Hidalgo forzó la cerradura, subió las escaleras e hizo sonar las campanas. Gritó: "¡La revolución ha llegado!" Media hora después le pusieron la camisa de fuerza y lo metieron a la ambulancia.
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El sueño de Arcelia se zambulló en el estanque. ¿Sería pájaro o ángel? Le quedó la sensación de falta de suerte; vio la imagen en blanco y negro, como radiografía de sus miedos y deseos. El estanque se convirtió en jaula: el sueño quería liberarse.
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Marcharemos desnudos sobre la avenida más importante para exigir el derecho constitucional a ser narradores omniscientes.
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Silogismo del mexicano feliz:
Trabajaré sólo cuando haga falta.
Viviré la vida como si nada hiciera falta.
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Le conté todas mis penas al psicoanalista. Guardaba un silencio sardónico, así que voltee: estaba reprimiendo la risa.
12.08.2010
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